miércoles, 18 de noviembre de 2015

¡DIGAMOS NO A LA GUERRA!

Quienes hemos pasado por el dolor desgarrante de perder a un hijo no podemos ser indiferentes ante el horror de la guerra.
Padres que pierden a sus hijos, niños huérfanos en medio del caos absoluto, sangre, terror, mutilaciones… no es posible imaginar tanto sufrimiento, tanta deshumanización..
No es sólo París, no es sólo Siria, son muchos los  lugares que sufren bombardeos indiscriminados en los que mueren personas inocentes cada día, a cada instante… Afganistán, Egipto, Líbano, Israel, Nigeria... porque  los poderosos del mundo usan a los pueblos  como medios para sus propósitos de ambición desmedida, luego los enfrentan a unos con otros y lo único que resulta es un reguero de sangre en ambos lados, mientras sus bolsillos se repletan de dinero con olor a muerte.
No podemos ser indiferente a los millones de hogares que enlutan las guerras por la ambición de unos cuantos.
En una guerra todos defienden su lado, su patria, su derecho… y lo mismo harías tú o haría yo, y eso no le hace a uno tener el derecho de matar al otro.

miércoles, 29 de julio de 2015

Se fue antes de nacer...

Encontré el siguiente texto navegando en la red y lo publico porque muchas madres pasan o hemos pasado por esta experiencia, y verdaderamente no se encuentra una atención que permita paliar en alguna medida el dolor. Es importante que las instituciones despierten y vean esta realidad que pide muy poco: una atención fuera del servicio de maternidad (por un respeto mínimo al sentimiento y estado emocional de la paciente) y un personal con la mínima preparación para comunicarse de forma, al menos, no insultante.
Comparto la idea de que es una necesidad y por ello publico, solidariamente, el texto, con la consideración evidente de que es un testimonio, lo que significa que lo vivió quien lo escribió, y que muchas mujeres tal vez hayan pasado y pasen situaciones similares, aunque no en todo sus términos, pues muchas veces, cuando hay cerca personas con el corazón en su sitio, sean amigos o familiares, o profesionales de la salud, se cuidan mucho detalles del proceso mortuorio que permiten guardar luego un recuerdo menos traumático y doloroso.

"Sabias que, cuando muere tu hijo dentro de tu vientre la noticia te la da una ecografista y te dejan solos.
Sabias que no te dan la opción de elegir como querés entregar a tu hijo.
Sabias que luego de entregar a tu hijo muerto te vuelven a internar en maternidad. Escuchando el llanto de otros bebés y viendo la alegría de otros, mientras tu acabas de perder a tu hijo.
Sabias que no te explican, ni hay acompañamiento en el proceso natural que realiza el cuerpo de una mamá sin hijo.

sábado, 18 de julio de 2015

Siempre estarán ahí...

Muchas veces la música  me ha acompañado en largas sesiones  de llanto lento y continuo, en las que el dolor se abría paso y salía al exterior como un reclamo ante lo irremediable... como si el alma se lavara de tanto sufrir... 
Creo en el poder curativo de llorar si luego miramos el mundo con los ojos de quien acepta la realidad, por más dolorosa que resulte. A veces luego podemos enfrentar la vida con un poquito más de fuerza.
Creo que perder a un hijo es de las cosas más difíciles que una persona debe superar, pero ayuda mucho recordar que no hay una separación si lo llevas siempre en tu corazón.
La canción que les dejo, interpretada por Barry Manilow (no sé si él es su autor), habla de eso, de cómo a veces es tan difícil que los demás nos entiendan cuando la pena nos carcome el corazón, porque no saben que para nosotros, los que partieron ... están siempre ahí.
Les dejo el video, y la letra (en inglés y, más abajo, en español).

Un abrazo,

Luzma



You´re there

My friends all use the past tense when they speak of you
And so to make them comfortable I use it too
They'd soon have me committed if they only knew
What I believe with all my heart is true.

I know you're there
Although it's nothing I can prove
I know you're there
By just the way the shadows move
And though I said goodbye and finally let you go
I know you're there
Although I don't know how I know

miércoles, 24 de junio de 2015

Algunas claves para lidiar con el duelo

El siguiente es el texto de un artículo publicado por Tais Pérez, psicóloga española, en su blog "Conectando Neuronas" (http://taispd.com/claves-para-lidiar-con-el-duelo/). Aunque está dirigido a quienes han sufrido una pérdida, en general, no a padres en especial, igual me parece válido y lo comparto aquí para ustedes esperando les ayude a avanzar en el camino.

Uno de los mayores temores que tenemos es perder a un ser querido. Perder a nuestros padres cuando somos niños, perder a nuestros hijos cuando los tenemos.
El duelo es una crisis vital que tambalea todo nuestro entorno. Lo cambia absolutamente todo. Lidiar con la ausencia y aprender a vivir sin ellos parece imposible.
Perdí a mis padres siendo una adolescente. Primero mi padre y un mes más tarde mi madre. Casualidades aterradoramente injustas. Sufrí mucho. Lloré. Me enfadé con el mundo. Y sentí que jamás lo superaría.
Mi vida cambió radicalmente. Desde la casa dónde vivía, hasta los valores que tenía. Dejé de ver el mundo como lo veía. Ya no me importaban las mismas cosas. Tuve que reordenar todos mis esquemas vitales y plantearme cómo quería vivir mi vida a partir de ese momento.
Me encerré a estudiar y me enfoqué en mi carrera profesional. Esto me ayudó a distraerme. Busca actividades que mantengan tu foco atencional alejado de la tristeza. Céntrate en lo que te apasiona. El paso del tiempo te permitirá recuperarte de la pérdida. Lloré muchísimo en aquella época. Estaba tremendamente convencida de que no volvería a ser feliz nunca. Perder a mi padre supuso para mi dejar de estar cerca de la persona más importante de mi vida. Y papápuede que de la persona más inteligente y culta que haya conocido jamás. De él aprendí lo importante que es aceptar lo que pasa, da igual lo que sea. Esto me ayudó paradójicamente a aceptar su ausencia. De él heredé la paciencia que me forzó a vivir con tranquilidad todo el sufrimiento que me dejó cuando nos despedimos. Me regaló la

domingo, 14 de junio de 2015

La esperanza ante la muerte

Cada visitante de este blog vive con una historia diferente y muy particular. Cada una atraviesa su situación de dolor y pérdida de distinto modo, pero en general hay dos grupos: los que creen que hay un mañana en que volverán a encontrarse con sus seres amados, y se reaniman un tanto para poder reinsertarse a la vida, y quienes se quedan únicamente con la sensación de perdida y de ausencia y se resisten al consuelo, lo que les dificulta tremendamente la recuperación.
Ante esa situación, me pregunto: ¿si todos pudieran saber que la partida de sus hijos fue una experiencia dulce y llena de paz, no hallarían un consuelo para su sufrimiento que les permitiera recobrar el deseo de vivir?
Yo suelo compartir mi vivencia y lo que ella me enseñó, sin embargo hoy deseo brindarles un testimonio sumamente esperanzador, basado en un artículo, por demás interesante, que trata de temas ya expuestos antes y siempre controversiales: la vida y la muerte. Al final todo se reduce a una decisión y una actitud de fe: querer creer o no, pero la evidencia es algo a considerar.

martes, 9 de junio de 2015

Cinco años caminando juntos

Ayer se cumplieron cinco años desde el día en que iniciamos este Blog, "Sobreviviendo a nuestros hijos", con mucha incertidumbre de lo que podría resultar y si serviría de algo a alguien, pero con gran esperanza de poder contribuir en alguna medida, sabiendo lo que pasan quienes en algún momento viven lo que vivimos un día mi esposo y yo.

Cinco años después nos sentimos impresionados con el volumen de visitas y la cantidad de personas que, en su proceso de luto, han encontrado en este espacio una posibilidad de ser escuchados y comprendidos, lo que esperamos sea, o haya sido, una ayuda en su proceso de superar la terrible experiencia de perder a un hijo y empezar a sanar las profundas heridas que deja su vacío.

Aquí seguimos, escuchándolos, sintiendo su pena y su angustia, comprendiendo sus dudas y decepciones, pero también tratando compartir un poco de nuestra experiencia para que cada uno de ustedes pueda aprender algo que le haga más llevadero el camino, de por sí difícil y solitario, de sobrevivir a un hijo.

Este espacio ha crecido gracias a la participación de cada padre y cada madre que ha ingresado y decidió compartir su pena y su vivencia. Gracias por hacerlo. Entre todos nos podemos ayudar, y creo que eso nos ayuda a caminar pasito a paso y comenzar en algún momento a dejar de sobrevivir y empezar a vivir. Estoy segura de que eso provoca muchas sonrisas en el cielo.

Un abrazo,

Luzma

martes, 3 de marzo de 2015

La liberación del perdón

Cuando se pierde a un ser querido, el dolor se centra en la ausencia, en el terrible dilema que nos impone la separación definitiva y la imposibilidad de realizar los sueños que se quedan para siempre en el tintero. Nunca más... es lo más terrible que debemos aceptar.
Sin embargo, muchas familias se ven divididas, a veces de forma irremediable, porque al dolor de la muerte se une el de un rencor, un odio, pues consideramos que tal o cual persona tuvo responsabilidad directa o indirecta y es algo que no vamos a perdonarle jamás. Entonces alimentamos ese sentimiento negativo en nuestro interior y lo mantenemos vivo para que nos recuerde que debemos permanecer odiando o sintiendo rencor hacia aquel al que, pase lo que pase, no queremos perdonar, pues lo consideramos causante o responsable de lo sucedido. A la pérdida se suma el rencor por lo que el otro hizo o dejo de hacer, y día a día nos convencemos de que el otro debe pagar (aunque nada podrá jamás resarcirnos por ello (no es cierto?) y vamos por el mundo cargando nuestra pena y el rencor que alimentamos asociado a ella. Personas en esa situación jamás lograrán superar su pena ni volver a la vida.
Y es que lo que sucede con el odio y el rencor es muy particular: va matando lentamente a quien lo siente, sin que nadie pueda evitarlo. Como dice Buda: "Guardar rencor es como tomar veneno y esperar que el otro muera". Por mucho que desees que el otro reconozca su error para que tú puedas recobrar la paz interior, eso no sucederá.