miércoles, 18 de noviembre de 2015

¡DIGAMOS NO A LA GUERRA!

Quienes hemos pasado por el dolor desgarrante de perder a un hijo no podemos ser indiferentes ante el horror de la guerra.
Padres que pierden a sus hijos, niños huérfanos en medio del caos absoluto, sangre, terror, mutilaciones… no es posible imaginar tanto sufrimiento, tanta deshumanización..
No es sólo París, no es sólo Siria, son muchos los  lugares que sufren bombardeos indiscriminados en los que mueren personas inocentes cada día, a cada instante… Afganistán, Egipto, Líbano, Israel, Nigeria... porque  los poderosos del mundo usan a los pueblos  como medios para sus propósitos de ambición desmedida, luego los enfrentan a unos con otros y lo único que resulta es un reguero de sangre en ambos lados, mientras sus bolsillos se repletan de dinero con olor a muerte.
No podemos ser indiferente a los millones de hogares que enlutan las guerras por la ambición de unos cuantos.
En una guerra todos defienden su lado, su patria, su derecho… y lo mismo harías tú o haría yo, y eso no le hace a uno tener el derecho de matar al otro.
¿Democracia? ¿Fanatismo? El sólo hecho de recurrir a la guerra contra un pueblo indefenso (no contra sus dirigentes) es ya una evidencia de absolutismo y prepotencia criminal.
Si nuestros hijos murieron por causas que no se pudieron evitar, en la mayoría de casos, debemos sentir en carne propia el dolor que embarga a los padres que lloran a hijos que partieron por decisiones humanas, sean víctimas civiles o militares. Son niños, hombres y mujeres que tenían una vida que alguien cortó por intereses ajenos. Son tragedias que pudieron evitarse.
Miles de padres hoy lloran la pérdida de sus hijos en todo el mundo, y su sufrimiento sólo acrecienta el odio entre bandos, azuzados por la desinformación de los medios (siempre manejados por grandes poderes) que los usa como carne de cañón.
No seamos parte del odio. Defendamos la paz por sobre la guerra.
Desde donde estemos alcemos nuestra voz. No facilitemos el camino al odio y la beligerancia, pues asesinar nunca ha sido ni será el camino hacia la paz.
Seamos solidarios y no permitamos que nos usen ni nos enfrenten.
Nuestros hijos lo merecen.

miércoles, 29 de julio de 2015

Se fue antes de nacer...

Encontré el siguiente texto navegando en la red y lo publico porque muchas madres pasan o hemos pasado por esta experiencia, y verdaderamente no se encuentra una atención que permita paliar en alguna medida el dolor. Es importante que las instituciones despierten y vean esta realidad que pide muy poco: una atención fuera del servicio de maternidad (por un respeto mínimo al sentimiento y estado emocional de la paciente) y un personal con la mínima preparación para comunicarse de forma, al menos, no insultante.
Comparto la idea de que es una necesidad y por ello publico, solidariamente, el texto, con la consideración evidente de que es un testimonio, lo que significa que lo vivió quien lo escribió, y que muchas mujeres tal vez hayan pasado y pasen situaciones similares, aunque no en todo sus términos, pues muchas veces, cuando hay cerca personas con el corazón en su sitio, sean amigos o familiares, o profesionales de la salud, se cuidan mucho detalles del proceso mortuorio que permiten guardar luego un recuerdo menos traumático y doloroso.

"Sabias que, cuando muere tu hijo dentro de tu vientre la noticia te la da una ecografista y te dejan solos.
Sabias que no te dan la opción de elegir como querés entregar a tu hijo.
Sabias que luego de entregar a tu hijo muerto te vuelven a internar en maternidad. Escuchando el llanto de otros bebés y viendo la alegría de otros, mientras tu acabas de perder a tu hijo.
Sabias que no te explican, ni hay acompañamiento en el proceso natural que realiza el cuerpo de una mamá sin hijo.
Sabias que ponen a tu hijo muerto dentro de una caja de archivos.
Sabias que si no tenes plata para retirar a tu hijo con una cocheria, como aun para la medicina tu hijo es un feto, va a desecho patológico a la basura.
Sabias que tu hijo como nació muerto no tiene derecho a tener nombre y apellido, es un N.N.
Sabias que el certificado de defunción de tu hijo, esta a nombre de su mamá.
Sabias que después del alta no hay seguimiento médico.
Sabias que en el caso de las obras sociales, no cubren determinados estudios, ni cocheria.
Sabias que no hay legislación en ninguna parte del mundo.
Sabias que no hay concientización en la sociedad, que de los bebés que mueren en el vientre materno nadie habla.
Sabias que se minimiza la pérdida.
Sabias que casi no hay médicos estudiando las causas y los porque de la muerte en el vientre materno porque estas muertes no se registran.
Sabías que son millones de bebés los que mueren cada año en el mundo dejando a millones de familias desoladas.
Sabías que son mayores las cifras de muerte intrauterina que las de HIV y Malaria juntas.
Sabías que los efectos psicológicos de la muerte por la muerte de un hijo y sobre todo cuando ese duelo es silencioso pueden durar décadas en los padres".

Escrito por Johanna Piferrer
Extraído de Era en Abril,(Pag. Oficial ( https://www.facebook.com/FundEraenAbril )

Sé que es muy triste leer algo así, pero es parte de la realidad por la que muchos padres pasan en algún momento de su vida, y entenderlo con toda su crudeza puede servir para poder ayudar y darles soporte emocional.

sábado, 18 de julio de 2015

Siempre estarán ahí...

Muchas veces la música  me ha acompañado en largas sesiones  de llanto lento y continuo, en las que el dolor se abría paso y salía al exterior como un reclamo ante lo irremediable... como si el alma se lavara de tanto sufrir... 
Creo en el poder curativo de llorar si luego miramos el mundo con los ojos de quien acepta la realidad, por más dolorosa que resulte. A veces luego podemos enfrentar la vida con un poquito más de fuerza.
Creo que perder a un hijo es de las cosas más difíciles que una persona debe superar, pero ayuda mucho recordar que no hay una separación si lo llevas siempre en tu corazón.
La canción que les dejo, interpretada por Barry Manilow (no sé si él es su autor), habla de eso, de cómo a veces es tan difícil que los demás nos entiendan cuando la pena nos carcome el corazón, porque no saben que para nosotros, los que partieron ... están siempre ahí.
Les dejo el video, y la letra (en inglés y, más abajo, en español).

Un abrazo,

Luzma


You´re there

My friends all use the past tense when they speak of you
And so to make them comfortable I use it too
They'd soon have me committed if they only knew
What I believe with all my heart is true.

I know you're there
Although it's nothing I can prove
I know you're there
By just the way the shadows move
And though I said goodbye and finally let you go
I know you're there
Although I don't know how I know

I know you see
The crazy things I sometimes do
They make you laugh
So I still do them just for you
And when I'm entertaining all the friends I love
I know you see
And that you're laughing from above.

You needn't panic
I'm not consulting any guru
Calling psychics
Or practicing with voodoo
I'm not manic or depressive
I just miss you.

So I'll go on
Enjoying every lovely day
Because I'm sure
You would've wanted it that way
And when there's sorrow it's no more than I can bear
Because you are, and always were, and always will be... there.

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Mis amigos todos usan el tiempo pasado cuando hablan de ti,
y así, para que se sientan cómodos, lo uso yo también.
Ellos me tendrían más comprometido si tan sólo supieran
lo que yo creo con todo mi corazón que es verdad.

Sé que estás ahí,
aunque no lo pueda probar.
Sé que estás ahí,
por sólo la forma en que las sombras se mueven.
Y aunque me despedí y finalmente te dejé ir,
sé que estás ahí,
aunque no sé cómo lo sé.

Sé que tú ves las cosas locas que a veces hago,
ellas te hacen reír,
por eso las hago, sólo para ti.
Y cuando estoy entreteniendo a todos los amigos que amo
sé que tú lo ves y estás riendo desde lo alto.

No necesitas entrar en pánico,
no estoy consultando a ningún gurú,
llamando a psíquicos o practicando vudú.
No estoy maníaco o depresivo,
simplemente te extraño.

Así que voy a continuar
disfrutando cada hermoso día,
porque estoy seguro de que lo hubieras querido así.
Y cuando el dolor  es más de lo que puedo soportar

es porque  tú estás,  siempre estuviste,  y siempre... estarás ahí.

miércoles, 24 de junio de 2015

Algunas claves para lidiar con el duelo

El siguiente es el texto de un artículo publicado por Tais Pérez, psicóloga española, en su blog "Conectando Neuronas" (http://taispd.com/claves-para-lidiar-con-el-duelo/). Aunque está dirigido a quienes han sufrido una pérdida, en general, no a padres en especial, igual me parece válido y lo comparto aquí para ustedes esperando les ayude a avanzar en el camino.

Uno de los mayores temores que tenemos es perder a un ser querido. Perder a nuestros padres cuando somos niños, perder a nuestros hijos cuando los tenemos.
El duelo es una crisis vital que tambalea todo nuestro entorno. Lo cambia absolutamente todo. Lidiar con la ausencia y aprender a vivir sin ellos parece imposible.
Perdí a mis padres siendo una adolescente. Primero mi padre y un mes más tarde mi madre. Casualidades aterradoramente injustas. Sufrí mucho. Lloré. Me enfadé con el mundo. Y sentí que jamás lo superaría.
Mi vida cambió radicalmente. Desde la casa dónde vivía, hasta los valores que tenía. Dejé de ver el mundo como lo veía. Ya no me importaban las mismas cosas. Tuve que reordenar todos mis esquemas vitales y plantearme cómo quería vivir mi vida a partir de ese momento.
Me encerré a estudiar y me enfoqué en mi carrera profesional. Esto me ayudó a distraerme. Busca actividades que mantengan tu foco atencional alejado de la tristeza. Céntrate en lo que te apasiona. El paso del tiempo te permitirá recuperarte de la pérdida. Lloré muchísimo en aquella época. Estaba tremendamente convencida de que no volvería a ser feliz nunca. Perder a mi padre supuso para mi dejar de estar cerca de la persona más importante de mi vida. Y papápuede que de la persona más inteligente y culta que haya conocido jamás. De él aprendí lo importante que es aceptar lo que pasa, da igual lo que sea. Esto me ayudó paradójicamente a aceptar su ausencia. De él heredé la paciencia que me forzó a vivir con tranquilidad todo el sufrimiento que me dejó cuando nos despedimos. Me regaló la habilidad de escuchar a los demás. Recoger los consejos que me regalan me ha ayudado a crecer y aprender de toda persona con la que tengo oportunidad de hablar. También me dejó la pasión por Pink Floyd y Los Beatles. Y tengo la suerte de poder recordarlo cada vez que los escucho.
El dolor que recuerdo de aquella época se mezcla con el amor que me dieron muchas personas que me acompañaron ese tiempo. Acepta tu tristeza, tu enfado. Acepta tus sentimientos. Es algo inevitable. Luchar contra ello solo lo hará más difícil.
Escribe sobre lo que sientes, te ayudará a madurar lo que va sucediendo. Mi madre me enseñó lo importante que es leer. Ella me enseñó a escribirla y recordarla cuando la leo. Me dejó recetas, me regaló la habilidad de cocinar, la pasión por el vino y el “buen” comer.
En aquella época intentaba no estar sola, tal vez para estudiar y poco más. Rodearme de personas que me querían, amigos que me ayudaban a reír de nuevo, familiares que los recordaban conmigo, me ayudó a que el paso del tiempo fuera algo menos duro. El apoyo social es fundamental. Hablar de lo que ha pasado de forma natural. Y que la gente que te escucha no sienta pena, si no que te ayude a salir adelante. Busca a esas personas.
Apasionarme por lo que estudiaba y centrar todos mis esfuerzos en crecer profesionalmente me hizo y me hace feliz. Darme cuenta que conseguía lo que me proponía me reconfortaba. Redefine tus objetivos vitales. Y cúmplelos. La satisfacción personal de lograrlos es increíble.
La muerte de mis padres ha sido la crisis vital más importante de mi vida. Me ha hecho una persona tremendamente resiliente. Aprende a serlo porque puede que sea la habilidad más importante para vivir.
La empatía que desarrollas cuando vives una situación traumática te hace estar más cerca del dolor ajeno. Aprovéchalo. Convierte tu experiencia en algo que sirva a otras personas. Ayudar a los demás a superar su propio sufrimiento da sentido a tu propio dolor y te ayudará a fortalecerte.
La muerte de tus padres es algo que no se supera nunca, pero te aseguro que es algo con lo que se aprende a vivir. Su ausencia ya no te dolerá de la misma manera y serás capaz de mirar atrás y sonreír sintiéndote agradecido de haberlos tenido.
Te prometo que volverás a vivir tu vida con pasión. Que volverás a ser feliz. Muy feliz.
Y si no puedes solo, pide ayuda. La ayuda psicológica te ayudará a lidiar con la pena y aceptar la pérdida.

domingo, 14 de junio de 2015

La esperanza ante la muerte

Cada visitante de este blog vive con una historia diferente y muy particular. Cada una atraviesa su situación de dolor y pérdida de distinto modo, pero en general hay dos grupos: los que creen que hay un mañana en que volverán a encontrarse con sus seres amados, y se reaniman un tanto para poder reinsertarse a la vida, y quienes se quedan únicamente con la sensación de perdida y de ausencia y se resisten al consuelo, lo que les dificulta tremendamente la recuperación.
Ante esa situación, me pregunto: ¿si todos pudieran saber que la partida de sus hijos fue una experiencia dulce y llena de paz, no hallarían un consuelo para su sufrimiento que les permitiera recobrar el deseo de vivir?
Yo suelo compartir mi vivencia y lo que ella me enseñó, sin embargo hoy deseo brindarles un testimonio sumamente esperanzador, basado en un artículo, por demás interesante, que trata de temas ya expuestos antes y siempre controversiales: la vida y la muerte. Al final todo se reduce a una decisión y una actitud de fe: querer creer o no, pero la evidencia es algo a considerar.
Si bien es una opción totalmente personal, y aquí no trato de convencer a nadie, comparto esta información, con datos científicos y experiencias diversas, para quienes desean creer y encontrar consuelo en su dolor.
(El texto original está en: http://www.guioteca.com/fenomenos-paranormales/elizabeth-kubler-ross-la-connotada-cientifica-que-confirmo-que-si-existe-el-mas-alla/)

La experiencia del más allá
La Dra. Elizabeth Kübler-Ross es una médico y psiquiatra suizo-estadounidense con libros publicados y 23 doctorados honoríficos, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, personas moribundas y los cuidados paliativos, así como pionera en el campo de investigación de las experiencias cercanas a la muerte, siendo reconocida como una autoridad en la materia dado que recabó centenares de testimonios de experiencias extracorporales, lo que la llevó a concluir que “la muerte no era un fin, sino un radiante comienzo”.
Su extraordinaria formación científica en temas de fallecimiento y supervivencia a procedimientos de resucitamiento, la llevó a investigar por muchos años, estando en contacto con la experiencia de miles de enfermos moribundos que le relataron increíbles experiencias paranormales. Sus estudios no tuvieron límites de raza, credo, sexo o  edad, que habían sido declaradas clínicamente muertas y que fueron llamadas de nuevo a la vida.
Cuando murió en el 2004 pudo dar fe de aquello en lo que creía firmemente por todo lo aprendido en su vida profesional, y murió con valentía y confianza, pidiendo que la despidieran con alegría, lanzando globos al cielo para anunciar su llegada. De hecho, us palabras sobre su propia partida fueron de confianza absoluta: "No tenemos nada que temer de la muerte, pues la muerte no es el fin sino más bien un radiante comienzo. Nuestra vida en el cuerpo terrenal sólo representa una parte muy pequeña de nuestra existencia. Nuestra muerte no es el fin o la aniquilación total, sino que todavía nos esperan alegrías maravillosas”.
Sus conclusiones sostienen que mucha gente abandona su cuerpo en el transcurso de una reanimación o una intervención quirúrgica y observan lo que sucede, mientras se encuentran en un estado de paz absoluta. La doctora Kübler-Ross afirma haber investigado casos de pacientes que estuvieron clínicamente muertos durante algunos minutos y pudieron explicarnos con precisión cómo los sacaron el cuerpo del coche accidentado con dos o tres sopletes. O de personas que incluso nos detallaron el número de la matricula del coche que los atropelló y continuó su ruta sin detenerse. "Una de mis enfermas que sufría esclerosis y que sólo podía desplazarse utilizando una silla de ruedas, lo primero que me dijo al volver de una experiencia en el umbral de la muerte fue: «Doctora Ross, ¡Yo podía bailar de nuevo!», o niñas que a consecuencia de una quimioterapia perdieron el pelo y me dijeron después de una experiencia semejante: «Tenía de nuevo mis rizos». Parecían que se volvían perfectos. Muchos de mis escépticos colegas me decían: «Se trata sólo de una proyección del deseo o de una fantasía provocada por la falta de oxígeno.» Les respondí que algunos pacientes que sufrían de ceguera total nos contaron con detalle no sólo el aspecto de la habitación en la que se encontraban en aquel momento, sino que también fueron capaces de decirnos quién entró primero en la habitación para reanimarlos, además de describirnos con precisión el aspecto y la ropa de todos los que estaban presentes”.
Otro aspecto importante y recurrente es la sensación de amor y paz profunda que reportaron todos sus entrevistados, cerca o lejos del momento de su experiencia. "No hay palabras para describirlo", sostuvo la Dra. Kübler-Ross. "Cuando alguien tiene una experiencia del umbral de la muerte, puede mirar esta luz sólo muy brevemente. De cualquier manera, cuando se ha visto la luz, ya no se quiere volver. Frente a esta luz, ellos se daban cuenta por primera vez de lo que hubieran podido ser. Vivían la comprensión sin juicio, un amor incondicional, indescriptible. Y en esta presencia, que muchos llaman Cristo o Dios, Amor o Luz, se daban cuenta de que toda vuestra vida aquí abajo no es más que una. Y allí se alcanzaba el conocimiento".
Finalmente, y luego de muchos años de investigación, le quedó muy claro e inobjetable el hecho de que la muerte, como la conocemos, en el sentido de un final, no existe. Es sólo una transición a otro estado de vida más pleno que el actual.
Y por ese motivo comprendía que sus pacientes, luego de esas experiencias, no tuvieran luego miedo de morir. "Ninguno de mis enfermos que vivió una experiencia del umbral de la muerte tuvo a continuación miedo a morir. Ni uno sólo de ellos, ni siquiera los niños. Tuvimos el caso de una niña de doce años que también estuvo clínicamente muerta. Independientemente del esplendor magnífico y de la luminosidad extraordinaria que fueron sido descritos por la mayoría de los sobrevivientes, lo que este caso tiene de particular es que su hermano estaba a su lado y la había abrazado con amor y ternura. Después de haber contado todo esto a su padre, ella le dijo: «Lo único que no comprendo de todo esto es que en realidad yo no tengo un hermano.» Su padre se puso a llorar y le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que nadie le había hablado hasta ahora, que había muerto tres meses antes de su nacimiento. Otro caso que resulta impresionante es el de un niño moribundo que le dijo: «Todo va bien. Mi madre y Pedro me están esperando ya.» Yo ya sabía que su madre había muerto en el lugar del accidente, pero ignoraba que Pedro, su hermano, acababa de fallecer 10 minutos antes”.
(Puedes ver el texto original en: http://www.guioteca.com/fenomenos-paranormales/elizabeth-kubler-ross-la-connotada-cientifica-que-confirmo-que-si-existe-el-mas-alla/)

La decisión es nuestra
Cuando el dolor de la pérdida no nos deja vivir ni avanzar, cuando nos impide relacionarnos nuevamente con los demás o poder ponernos nuevamente al servicio de aquellos que nos necesitan, cuando la pena elimina en nuestro interior el deseo de disfrutar la vida nuevamente, la herida nunca sana, y lastima de forma permanente a los sobrevivientes. En esos casos es bueno poder reenfocar la situación, comprendiendo los hechos dentro de una perspectiva de vida más amplio que nuestra pena y desolación.
Tengo fe en que el amor es más grande que nosotros y eso es lo maravilloso de la vida, por eso creo que la idea de que la muerte es sólo una transición a una existencia más dichosa, no debe ser sólo un consuelo por lo pasado con quienes partieron antes que nosotros, sino una esperanza para nosotros mismos, que llegaremos a ese día en algún momento. Y yo no sólo creo en otra vida tras de ésta, sino que confío en ello, y es lo que le da esperanza a mi vida, luego de perder a mi hija. Y no como una respuesta a noticias de psíquicos o mediums, sino como una actitud que responde a la promesa que Jesús nos dejó: "Más ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron. Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados". (1 Corintios 15, 20-22) .
Finalizaré esta entrega copiado un pensamiento de Maurice Maeterlinck: "La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada; la esperanza sobre lo que no sabemos, que es todo".
Sin embargo, este espacio no es mío, es de ustedes, y por ello comparto estas ideas, pero serán ustedes quienes decidan qué creer, qué hacer y qué querer.

Nota: Para quienes estén interesados, estos son algunos de sus libros publicados en español:
  • Sobre la muerte y los moribundos. Grijalbo. 1993. ISBN 978-84-253-2445-1.
  • Una luz que se apaga. Editorial Pax México. 2005. ISBN 9789688600313.
  • La muerte: un amanecer. Grupo Planeta Spain. 2011. ISBN 9788492545605.
  • Conferencias: morir es de vital importancia. Luciérnaga. 1996. ISBN 9788487232848.
  • Los niños y la muerte. Luciérnaga. 1992. ISBN 9788487232336.

martes, 9 de junio de 2015

Cinco años caminando juntos

Ayer se cumplieron cinco años desde el día en que iniciamos este Blog, "Sobreviviendo a nuestros hijos", con mucha incertidumbre de lo que podría resultar y si serviría de algo a alguien, pero con gran esperanza de poder contribuir en alguna medida, sabiendo lo que pasan quienes en algún momento viven lo que vivimos un día mi esposo y yo.

Cinco años después nos sentimos impresionados con el volumen de visitas y la cantidad de personas que, en su proceso de luto, han encontrado en este espacio una posibilidad de ser escuchados y comprendidos, lo que esperamos sea, o haya sido, una ayuda en su proceso de superar la terrible experiencia de perder a un hijo y empezar a sanar las profundas heridas que deja su vacío.

Aquí seguimos, escuchándolos, sintiendo su pena y su angustia, comprendiendo sus dudas y decepciones, pero también tratando compartir un poco de nuestra experiencia para que cada uno de ustedes pueda aprender algo que le haga más llevadero el camino, de por sí difícil y solitario, de sobrevivir a un hijo.

Este espacio ha crecido gracias a la participación de cada padre y cada madre que ha ingresado y decidió compartir su pena y su vivencia. Gracias por hacerlo. Entre todos nos podemos ayudar, y creo que eso nos ayuda a caminar pasito a paso y comenzar en algún momento a dejar de sobrevivir y empezar a vivir. Estoy segura de que eso provoca muchas sonrisas en el cielo.

Un abrazo,

Luzma

martes, 3 de marzo de 2015

La liberación del perdón

Cuando se pierde a un ser querido, el dolor se centra en la ausencia, en el terrible dilema que nos impone la separación definitiva y la imposibilidad de realizar los sueños que se quedan para siempre en el tintero. Nunca más... es lo más terrible que debemos aceptar.
Sin embargo, muchas familias se ven divididas, a veces de forma irremediable, porque al dolor de la muerte se une el de un rencor, un odio, pues consideramos que tal o cual persona tuvo responsabilidad directa o indirecta y es algo que no vamos a perdonarle jamás. Entonces alimentamos ese sentimiento negativo en nuestro interior y lo mantenemos vivo para que nos recuerde que debemos permanecer odiando o sintiendo rencor hacia aquel al que, pase lo que pase, no queremos perdonar, pues lo consideramos causante o responsable de lo sucedido. A la pérdida se suma el rencor por lo que el otro hizo o dejo de hacer, y día a día nos convencemos de que el otro debe pagar (aunque nada podrá jamás resarcirnos por ello (no es cierto?) y vamos por el mundo cargando nuestra pena y el rencor que alimentamos asociado a ella. Personas en esa situación jamás lograrán superar su pena ni volver a la vida.
Y es que lo que sucede con el odio y el rencor es muy particular: va matando lentamente a quien lo siente, sin que nadie pueda evitarlo. Como dice Buda: "Guardar rencor es como tomar veneno y esperar que el otro muera". Por mucho que desees que el otro reconozca su error para que tú puedas recobrar la paz interior, eso no sucederá.
El mantener vivo un dolor, una ofensa, un resentimiento es algo que nos amarra al pasado y nos hace cargar algo muy pesado, que se hace más pesado cada día, que nos hace lentos, nos hiere como si hubiera sido ayer y afecta nuestra relación con el entorno (con los que nos rodean, con la vida en general).  Nos encadena a una idea fantasiosa: "cuando él o ella haga esto, recién podré estar en paz". Pero eso es totalmente falso. Nada de lo que haga te hará recuperar la paz si tú no has decidido ir por ella.
No pretendo que por un post las personas vean la luz y decidan acabar con resentimientos antiguos o abrir su corazón al perdón, pero sí quisiera sembrar la idea, desde la propia experiencia.
Hace unos días participé de un taller llamado ESPERE (Escuelas del Perdón y la Reconciliación), una organización que nació en Colombia y ahora está en muchos países, y ha llegado hasta Uganda, en el África, y fue una experiencia maravillosa. He abierto un nuevo capítulo en mi vida, dejando atrás una pena de la que ni siquiera era consciente y que venía arrastrando desde mi niñez.
Hoy puedo decir con total seguridad y convicción que perdonar es recuperar la libertad del espíritu y encontrar un camino a la plenitud personal. Sé que eso no le interesa mucho a quienes aún sufren el dolor terrible de haber perdido a un hijo, pero si a ese dolor se ha asociado a un rencor obsesivo que afecta y daña a la persona, más que la pena misma, mi deseo más profundo es que pueda hacer algo al respecto que le devuelva la salud interior.
Nunca dejaremos de llevar un dolor en el corazón, pero el rencor no debe compartir ese espacio sagrado.