martes, 23 de diciembre de 2014

Más allá del dolor: Consuelo, Amor y Esperanza en Navidad

A todos los padres y madres que visitan este espacio en busca de consuelo y comprensión, un abrazo fuerte y cálido, más allá de los nombres o los rostros, un abrazo que se nutra del amor fraterno, ese que conocemos los que sabemos qué es el dolor de perder a un hijo.
Mañana una gran parte de la humanidad celebrará la fiesta de Navidad entre algarabía y regalos, pero para muchos será un momento de confusión y sentimientos encontrados.
Deseo fervientemente que puedan sentirse en paz y comprendan que aunque no todos puedan entender su sentir, muchos otros sí lo hacemos, porque hemos estado antes en el mismo lugar en el que ustedes están hoy.
Que la esperanza se abra paso en su corazón y les recuerde que el amor es lo más importante, ese amor que no sabe de fronteras ni distancias. Ese amor que se mantiene, no importa lo que suceda, y hace que ustedes sigan siendo padres, y ellos sigan siendo sus hijos.

Más en: http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.pe/2013/12/si-lloras-en-navidad.html

martes, 30 de septiembre de 2014

Mi hijo se suicidó...

La mayoría de visitantes de este blog han perdido a un hijo pequeño, muchas veces un bebé, aunque también hay los que comparten la pena de haber perdido a un hijo mayor. Sin embargo, creo que nada se compara a ser padre o madre de alguien que tomó su propia vida y acabó con ella. Pensando en ellos escribo esta nota, que puede ser útil para todos, pues antes de su fatal determinación, quienes terminaron con su vida caminaron por la calle y por su casa, lucían como cualquier vecino, y nadie pudo imaginar que pensaban terminar de la forma como lo hicieron, sumiendo a sus seres queridos en una desolación muy difícil de superar.

No es un hecho único o extraño
Una de las secuelas de estas muertes queda con los sobrevivientes, padres y familiares en generales, que suelen pensar ¿por qué no lo vi? ¿Cómo no hice nada para impedir algo así? Y el sentimiento de culpa se instala en su alma para vivir ahí por largo tiempo, sintiéndose más solos que nadie, incomprendidos, y sin posibilidad alguna de consuelo ante una realidad que nunca terminan de entender.
Sin embargo, la información disponible apunta a que estamos ante un fenómeno mayor de lo que muchos pensaríamos.  Según cifras publicadas el suicidio de jóvenes entre 15 y 24 años ha crecido más de un 300% desde 1950, y sólo en los Estados Unidos se producen cerca de 35.000 suicidios por año, de los cuales 5,000 corresponden a jóvenes entre 15 y 24 años. 
En Argentina, hace 25 años de cada 10 suicidas, uno era menor de 18 años, pero ya en 1993 es uno de cada cuatro (http://gruporenacer.wordpress.com/2010/01/29/apoyo-para-sobrevivir-cuando-tu-hijo-se-ha-suicidado/). En España, según un artículo de Sergio García Morilla,  http://taispd.com/suicidiofalsascreencias/, el suicidio ocupa el primer lugar de muerte no natural (más de 3.500 suicidios en el 2012, el  77%  hombres), duplicando a las muertes por accidentes de tráfico y superando en 70 veces las de violencia doméstica, lo que es tremendamente alarmante, pero como ven, le pasa a muchas, muchas familias.

Muchas causas, algunas sin rastro
Otro de los aspectos que señala este artículo, es que si bien las personas con depresión severa tienen una tendencia al suicidio mucho mayor, no todos padecen este mal, y se indica que “más del 40% de las personas que se suicidan no cumplen los criterios diagnósticos de depresión mayor, y presentan otros problemas distintos”, como pueden ser la crisis de ansiedad, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastornos alimenticios como la anorexia, entre otros. 
Es importante comprender que el suicida no es un loco, es una persona que de forma permanente o temporal, posee una perspectiva de la vida y del mundo tan diferente, que el pensamiento del suicidio puede llegar a ser un consuelo que calma su angustia, como lo afirmaba Nietzsche. También Arthur  Shopenhauer decía que "el suicidio, lejos de negar la voluntad, la afirma enérgicamente. Pues la negación no consiste en aborrecer el dolor, sino los goces de la vida. El suicida ama la vida; lo único que pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece".
Según un estudio, “alrededor del 10% de las personas que se suicidan no tienen ningún trastorno mental diagnosticable”, lo que fortalece la idea de que hay algunas personas que, sin trastorno psicológico ninguno, deciden poner fin a su vida por alguna razón totalmente conciente y legítima.  La reciente partida del conocido actor Robin Williams parece ser un recordatorio de que hay personas que optan por salidas impensables para los demás.

¿Y el consuelo de la fe?
Ante esto, el tema religioso puede influir mucho en la forma como los familiares puedan sobrevivir esta tragedia, ayudándolos a llevar su carga o aumentándola, para su mal. Aún muchas personas siguen a pie juntillas lo que dicen documentos de décadas atrás, sin mirar a la cara los problemas de este siglo. Según http://www.aleteia.org/es/religion/noticias/la-culpa-de-un-suicida-puede-ser-atenuada-por-la-depresion-5799541567651840, el padre Maurizio Faggioni, profesor de Teología moral y de bioética en la Academia Alfonsiana de Roma,  considera que “desde un punto de vista objetivo, quitarse la vida es siempre un acto irracional, un acto de autodestrucción, irracional, inmoral”. Personalmente, creo que es extremadamente excesivo pretender conocer y poder juzgar qué anidaba en la mente y en el corazón de una persona que toma una decisión tan radical. Creo que nadie puede determinarlo y eso es una realidad. Por otro lado, no me parece una mirada de amor condenar de ese modo a quien, en el colmo de su desaliento, miedo, ignorancia, soledad, terror, o simplemente profundo dolor, recurre a algo que va en contra del mayor de los instintos propios de todo ser humano: el conservar la vida.
Sí, el suicida reniega de la vida que recibió de su Creador, pero… ¿acaso todo soldado no elimina la vida de otro ser humano, lo que es un mal mayor? Claro, es que lo hace mientras porta un uniforme y actúa bajo orden de su Estado, y eso está justificado ante el mundo y, aparentemente, eso lo exculpa ante Dios. ¿Es posible semejante incongruencia?
Es necesario revisar los criterios religiosos ante el drama profundo de espíritus atormentados que buscan la liberación de la muerte, pero que al alcanzarla condenan a los suyos a cargar cruces que no terminan nunca de comprender. Muchas veces las Iglesias se muestran más severas que el Dios que proclaman, y condenan a los demás con una radicalidad que nuestro Padre no ha de ver con buenos ojos. Cuando una persona es creyente, y pierde a un ser querido por su propia decisión, puede ser conveniente que busque el soporte espiritual que le brinde consuelo, pero teniendo buen cuidado de que sea alguien que no desee juzgar -ni al suicida ni a los familiares – y por el contrario, piense en acompañar en el dolor y brindar comprensión y amor.


Palabras finales
No sé lo que es perder a un familiar que acaba con su propia vida, lo reconozco, pero entiendo que debe ser algo terrible, una verdadera tragedia. Por eso mi corazón está con esos padres y madres, con esos hermanos que se quedan no sólo con el corazón destrozado, sino con el alma rota, llena de preguntas sin respuesta y una sensación absoluta de impotencia y frustración.  Con ellos sólo puedo compartir el pensamiento del Papa Francisco, quien con su característica sencillez y compasión, comparte, luego de designar que este mes de Octubre la intención general de su oración  será que “quienes se sienten agobiados hasta el extremo de desear el fin de su vida, adviertan la cercanía amorosa de Dios”.
Así sea. 

viernes, 4 de julio de 2014

El lazo no se corta jamás

Encontré esto navegando por la red. Una versión se lo adjudica a San Agustín de Hipona, pero me inclino más a considerarlo de Charles Péguy, (1873-1914), filósofo, escritor, poeta y ensayista francés, que aparece como autor en otros sitios visitados.
Creo que es un hermoso texto que puede ayudarnos, en medio del dolor más profundo, a encontrar un poco de esperanza y de paz. Estoy completamente segura de que si nuestros hijos pudieran hablarnos, desde donde quiera que estén, esto es lo que nos dirían:


lunes, 5 de mayo de 2014

Dolor y amor en el Día de la Madre

Un nuevo Día de la Madre se acerca, y aunque debo reconocer que mi vida ha reencontrado su curso y ya puedo disfrutar de la alegría de estas fechas, sin que por ello dejen de tener una cuota de tristeza, pienso en todas las madres que han perdido un hijo(a), especialmente si lo han hecho recientemente, pues aún estarán caminando en esa neblina absoluta, sin ver nada ni a nadie, sin saber siquiera dónde estás, sólo  sintiendo ese vacío tremendo que te destroza el corazón.
Sólo quisiera decirle a quienes se sientan así, que es normal, que no están mal por sentir que se hunden en un pozo negro y sin fin. Todo es parte de un proceso de separación lento y doloroso, que parece más difícil cuánto más se amó, y es una nueva forma de vivir que requiere toneladas de valor y coraje.
Esta vez me limitaré a resaltar cinco cosas que he escrito de seguro en alguno de los post de este espacio que existe para ustedes:
  1. Aunque tu hijo(a) no esté contigo, sigues siendo su madre.  Entiéndelo y asúmelo como parte de tu vida. Saberlo no eliminará la pena ni el dolor pero puede ayudarte a encontrar un nuevo sentido a tu vida: aprender a ser la madre de un hijo(a) aunque no lo veas o no esté a tu lado. 
  2. Generar sentimientos de culpa o rencor no es parte del amor. Muchas situaciones pasan por temas médicos o de circunstancias en que no hubo un “control” que impidiera el suceso. Como fuera que sucedió, el rencor contra uno mismo o contra otra persona no revivirá a nuestros hijos, pero sí puede llenar con ira o con sentimiento de culpa un espacio que debe ser únicamente para el amor.  Es necesario perdonarse y perdonar, y sólo así empezaremos  a sanar y podremos amar a nuestros hijos que no están como debemos amarnos a nosotros y los demás. 
  3. Cada uno tiene un proceso distinto y un tiempo distinto.  Vivir cada día después del dolor tan desgarrador que significa la pérdida de un hijo es una de las tareas más difíciles que tiene por delante un ser humano y no existe un “tiempo” que se pueda considerar adecuado para “volver a la normalidad”… ni siquiera sabemos cómo seremos luego de una experiencia así. La mayoría cambiamos en alguna medida, y hay que crear una nueva “normalidad”, por eso es importante no desesperarse, tratar de pasar las etapas de duelo en la medida en que sea posible, con calma y sin reprimirse. Hay que llorar, gritar, dormir… lo que cada madre considere necesario para su salud mental y su capacidad de supervivencia. (Yo caminaba como demente… eso me ayudó mucho a no alocarme y gastar de una forma sana esa energía espantosa que te da el dolor y que no sabes cómo procesar).  Llorar, aislarse, renegar, deprimirse son maneras en que nuestro ser reacciona… y son procesos válidos que en un momento dado nos permitirán superar la experiencia y comenzar a vivir de nuevo. 
  4. Ten presente que la muerte es también un nuevo nacimiento. Tu hija(o) está naciendo a otra vida y así también tú puedes iniciar una nueva en la que el dolor, la frustración y la angustia en un momento empiecen a dar paso a la vida,  dándonos una fuerza inesperada y la capacidad de ser mejores, más humanos, más comprensivos.  No creo en anidar en el sufrimiento como si fuera el hijo perdido, en quedarnos ahí de forma persistente (y masoquista) pues eso es dañino y no tiene ningún sentido ni nos ayuda en modo alguno.  Creo positivamente que ninguno de nuestros hijos quisiera vernos sufrir sin consuelo con el corazón destrozado. El amor que sentimos por ellos debe ser el motor que nos impulse a ser los padres y madres que nuestros hijos amaron (y aman, donde quiera que estén).
  5. Si necesitas ayuda... ¡recibirla estará bien!  Es cierto que la mayoría de personas no ha pasado lo
    que tú y no te entenderá del todo, pero a veces nuestra mente se “estaciona” en algunos procesos y no nos permite avanzar con la ley de la vida, que es la sanación, más aún si hay familia que sufre por tu causa. Un terapeuta,  un sacerdote o un consejero puede serte de mucha ayuda para encontrar un camino adecuado a tu vivencia en particular. Si crees que alguna persona en especial te es difícil de sobrellevar por su estilo o por las cosas que te dice.. evítala ¡y no te sientas mal por ello!  Recuerda que la idea no es sobrevivir sino volver a vivir… que al fin y al cabo debe ser lo que nuestros hijos desean para nosotros.. ¿no crees? pero eso requiere mucho, mucho, mucho valor y determinación. leí el otro día una imagen en la red que decía: "Lo más valiente que he hecho en mi vida fue seguir viviendo cuando quería morir".  Y es cierto. vamos.. ¡a ser valientes!

lunes, 24 de marzo de 2014

Víctima de las Enfermedades Raras: Micaela, un testimonio de amor

El día de hoy una comunidad de familiares y amigos se reunió para despedir a una hermosa bebé de casi 11 meses, Micaela,  una pequeña guerrera cuyo frágil cuerpecito ya no pudo seguir la lucha frente a la Enfermedad de Alexander que la aquejó desde muy temprano y que hizo que su vida y la de su familia cambiara de forma radical, iniciando un camino de amor y solidaridad que ha impactado la vida de muchas personas.
La vida de Karla parecía completa con sus dos hijos mayores, y el tercero, de su segundo matrimonio, sin embargo, cuando salió embarazada por cuarta vez la ilusión de la esperada mujercita revivió con intensidad y lleno de ilusión su espera. Y su ilusión se hizo realidad, con una bella criatura que nació para su alegría y la de su familia... hasta que a los dos meses de edad la enfermedad comenzó a deteriorar la salud de la pequeña sin que pudiera encontrar una respuesta.
Desde entonces la lucha fue incesante, pues cuando por fin los médicos pudieron brindarle un diagnóstico, descubrió que el mal que aquejaba a Micaela era una de las conocidas como "enfermedades raras", porque las padecen muy pocas personas en el mundo, y por la misma razón no encuentran especialistas, tratamiento o investigación que los ayude, teniendo que sumar a su sufrimiento el desconocimiento y la soledad. De hecho, Micaela ha sido la primera paciente con la enfermedad de Alexander en el Perú, y una de las sólo 38 que lo padecen actualmente en el mundo.
Cuando Karla supo que su niña sufría esta enfermedad, pasó por muchas etapas de dolor y frustración, pero en un momento comprendió que de alguna manera estaba en ese camino... por alguna razón. Y con fe y fortaleza, decidió superar su frustración y tratar de hacer algo. "Yo miraba a la gente por la ventana ir y venir, hacer sus cosas normales y sentía que ya no podía engancharme de nuevo con esa vida que tuve un día, porque a a partir del diagnóstico de mi hija fue todo diferente. Siento que tal vez ha sido necesario para poder trascender, he tenido que pagar una factura muy cara, la enfermedad de mi hija, pero hoy lo acepto", dice con serenidad.
Desde entonces investigó y encontró que aunque en el Perú no se conocen, en otros países, como España, existen organizaciones dedicadas a luchar por las víctimas de estas enfermedades que no asolan poblaciones enteras, pero destrozan la felicidad de miles de hogares en todo el mundo, año tras año. Y sin más apoyo que su experiencia de varios meses luchando por la vida de su bebé y un corazón rebosante de amor, se dedicó a organizar el "Día de las Enfermedades Raras" en su ciudad, Trujillo, coordinando con empresas, hablando con medios de comunicación, haciendo lo que jamás imaginó hacer, sin saber que la suya sería la primera actividad de ese tipo en el país, una en la que la solidaridad se abrió paso como en una fiesta, sin pedirle nada a nadie, con el único interés de abrirnos los ojos a la realidad de una minoría que también existe, que también sufre, y que también tiene derechos. El alcance de su campaña de difusión por el "Día de las Enfermedades Raras" fue un éxito total pues muchas personas, gracias a la tecnología y las redes sociales, participó desde otras ciudades e incluso países, respondiendo a la convocatoria de forma totalmente sorprendente.
"Micaela ha cambiado mi vida y mi forma de ver la vida", ha dicho su madre muchas veces, y hoy, con gran fortaleza y coraje luchando contra la emoción que anudaba su garganta, lo volvió a repetir al finalizar la misa, antes de que los restos de Mica reposaran para siempre, agradeciendo la presencia de sus amigos y familia, que compartió esta etapa tan difícil y preciosa de su vida.
Germán, un papá orgulloso de su bebé y de la unión de su familia, escribió en su muro: "Descansa en Paz, mi princesa ......han sido largos 11 meses de amor y coraje...... nunca vi tanta fuerza y valentía reflejada en un ser tan pequeño....... me queda la duda de no haber sido suficientemente Padre pero la seguridad de haber tratado de serlo ....sé que no me juzgarás por eso.....sí que me enseñaste a luchar, hija mía". Palabras que entendemos quienes hemos sufrido por haber perdido un hijo, porque
sabemos bien el terrible camino que se inicia con la separación, dejándonos con una desolación absoluta, siendo la fe y el amor lo único que puede rescatarnos del abismo.
Perder a un hijo es algo no sólo terrible sino muy personal, porque cada caso es diferente y las circunstancias son distintas, todos sufrimos a morir aunque no hay ranking, no se trata de ver quién sufre más, pero padecer una enfermedad rara debe sumar a los dolores de todo enfermo terminal,  la soledad y el "abandono" de quienes no tienen apoyo de nadie, mucho menos del Estado. Pero la experiencia de otras personas nos ayuda a comprender que existen muchas maneras de enfrentar duras realidades como ésta, y este caso es un claro ejemplo.
Por eso comparto con ustedes el legado de esta pareja, Germán y Karla, que iluminados por el amor a su hija han iniciado una vida nueva para ellos, para su familia y para la comunidad que esperan transformar con todo su amor de padres... generando en el proceso una luz de esperanza para otros.

Más información en:
http://ucvsatelital.tv/organizan-campana-por-dia-mundial-de-enfermedades-raras
https://www.youtube.com/watch?v=wkxldv964-Y&feature=youtu.be

martes, 14 de enero de 2014

Volver a mirar con el corazón

La mayoría de las personas, al iniciar un nuevo año, revisan lo que hicieron/lograron en el año que se va y se llenan de promesas de superación, de mejora.
Cuando uno tiene el corazón destrozado, importa poco, realmente muy poco, si las cosas mejoran, si se puede ser más productivo o exitoso. Nada importa.
Sin embargo, si estás en esa condición, ten presente que es, y debe ser, una etapa, pues el ser humano es un ser trascendente, está llamado a superarlo todo para tratar de ser lo mejor que pueda llegar a ser. Aún el dolor más profundo, como el que sientes, debe servir para hacernos mejores, más fuertes, más comprensivos, más solidarios, más capaces de amar. Sólo así estaremos dando un testimonio de lo mucho que amamos a nuestros hijos que partieron... tanto que por ellos...volvimos a vivir. Pero no una vida cotidiana, hacer el desayuno, salir a trabajar... una vida en la que miremos todo con otra mirada, una de amor.
Inténtalo. Vale la pena.