domingo, 2 de junio de 2013

Amar es también decir adiós

En unos días se cumplirá un año de la muerte de Camila Sánchez Herbón, una bebé de tres años que jamás sintió las caricias de su madre ni su angustia ni su lucha por el único derecho que rogó para su hija: una muerte digna.

En este blog compartimos los padres que tuvimos que resignarnos a la separación de nuestros hijos, y muchas veces no logramos superarla, y en ese contexto una historia así pareciera no tener lugar, pero quisiera compartirla pues, por el contrario, creo que puede ayudarnos a comprender el valor auténtico de la vida y del amor, que no tiene relación con el tiempo ni con la trascendencia de lo vivido.

Tras un parto complicado, la niña nació muerta, pero se la reanimó durante 20 minutos y se la conectó a un respirador. “A partir de ese momento todo fue tristeza", dijo la madre, Selva. Como no respondía a  ningún estímulo, llenos de amor y esperanzas  la sometieron a diferentes tratamientos de estimulación, pero jamás logró recuperar ninguna función. No oía, no sentía, no hablaba, no se movía ni tenía conciencia, hasta que le declararon "estado vegetativo permanente", y comienza para los padres un proceso en el que deben definir qué tipo de “vida” está teniendo su hija, sólo sostenida por soportes de vida artificiales (que la proveen de alimento, agua y aire) y cómo deben actuar, queriéndola como la quieren.

La madre confesó en una entrevista que, alentada por una terapeuta, le permitieron intentar una estimulación de reflejo en el interior de la boca de la bebé, descubriendo que ni siquiera tenía reflejo de vómito, al sentir la manipulación. Cuando los padres toman conciencia de la vida artificial de su hija, y de que su condición irreversible sólo marcaba una permanencia de latidos originados en una máquina, inician una lucha para que los médicos pudieran retirarle los soportes a una criatura  que no vivía “una vida digna de ser vivida", y que merecía continuar con el destino natural que esperaba por ella.

En medio de una gran controversia pública y un engorroso proceso legal en diversas instancias del Estado, los padres lucharon por amor, conscientes de que llevaban “un duelo muy largo”. “Mi hija agoniza desde hace tres años. ¿Alguien sabe lo que eso significa?", declaró la madre.

Camila falleció el jueves 07 de junio del 2012,  en el Centro Gallego de Buenos Aires, tras promulgarse la Ley de Muerte Digna que entró en vigencia sólo unos días antes, y la convirtió en la primera persona en Argentina en acceder a una muerte de esta naturaleza, al serle retirados los soportes mecánicos. Su madre afirmó al respecto: "Siento en el corazón que Camila ya está en paz”, añadiendo que la pequeña "pasó por este mundo y nos dejó más derechos a todos. No fue en vano tanto dolor y sufrimiento".

Luego de conocer una historia tan terrible como humana, me queda la certeza de que a veces el amor requiere de decisiones inesperadas, que nos hacen superarnos a nosotros mismos más allá de nuestras expectativas. A veces el amor necesita de fuerza y coraje más que de gestos tiernos, como cuando debemos enfrentar el hecho de que es necesario dejar ir a nuestros hijos.... sabiendo que ya no los volveremos a ver ni abrazar.

Desde este humilde espacio, un abrazo solidario para los padres de Camila, para su hermana Valentina, y para todos los papás y mamás que un día, sin pensarlo ni quererlo, tenemos que decir adiós, poniendo en ese último gesto... todo nuestro amor.