viernes, 25 de junio de 2010

¿Cuánto tiempo lleva recuperarse de la pérdida de un hijo?

Cuando me sucedió, muchas veces escuché a personas que me querían mucho, decir cosas como: "No puedes seguir llorando por lo que pasó", "Ya es tiempo de que voltees la página y sigas adelante" o "Ya debes intentarlo de nuevo", y la verdad es que no sé por qué pensaban que podían saber si era tiempo o no de hacer cualquier cosa.

Creo que el tiempo que toma superar un trauma así es algo que nadie puede saber salvo la persona que pasa por el duelo y que es quien puede sentir si tiene o no las fuerzas para realizar algo. Salvo que se trate de algo extremo (como desarrollar cuadros de histeria o llanto sin consuelo en lugares públicos después de varios meses) que puede requerir una ayuda profesional, las personas reaccionan de diferente modo, no sólo porque cada persona es diferente (cada matrimonio también y eso influye en cada padre/madre, incluso si están separados o se trata de un padre/madre solo) sino también porque cada pérdida es particular. La edad, las circunstancias, todo es diferente en cada caso, y eso configura experiencias muy especiales que nadie puede conocer a fondo salvo quienes lo viven.

La forma de irse adecuando al dolor es diferente para cada persona, y si algo creo que se puede recomendar, en forma general, es que no se obligue a nadie a asumir un camino determinado sino, por el contrario, dejar que elija la forma como quiere sufrir, expresar o superar su pena. Hay quienes necesitan sacarlo todo afuera hasta que no quede nada. Creo que soy de ese grupo, pues lloré tanto por tanto tiempo (lo hacía en privado, en casa cuando me quedaba sola o a veces me iba a caminar para poder desahogar mi furia y dejar que mis lágrimas fueran saliendo bajo los lentes oscuros) hasta que un día sentí que ya estaba mejor y podía caminar sonriendo, mirando el cielo, sin sentirme mal por ello.

Otras personas deciden conservar la compostura y comienzan en poco tiempo a poner su esfuerzo en hacer su vida tan normal como sea posible, evitando el llanto. Conozco a gente así y aunque no es la forma como yo pude superarlo sé que a ellas sí les ha funcionado. En tres meses pareciera que nada sucedió, lo que no significa que no tengan una gran pena por dentro, es sólo que la superan de una forma distinta.

Creo que cada quien tiene su propio tiempo y lo importante no es el número de meses que demoren en volver a reír, disfrutar las pequeñas satisfacciones de la vida o ir a al cine otra vez, sino que cuando eso suceda, se encuentren bien, en paz consigo mismos y con la vida, dispuestos a amar plenamente. De ser así, estarán comenzando de nuevo a vivir.

jueves, 24 de junio de 2010

Aprendiendo a vivir con nuestro dolor

Una de las cosas más difíciles por las que tuve que pasar, tras la muerte de mi bebé, fue poder ver a otros
bebés. En la calle no podía ni mirarlos y evadía todo lo que fueran cochecitos y gente con niños cargados.

En mi trabajo con cierta frecuencia se acercaban madres con sus pequeñines y todo se volvía gracias y mimos y en ese momento yo tenía que salir, disparada, hacia el baño, encerrándome ahí a llorar. Mis compañeras fueron muy comprensivas y me dejaban tranquila hasta que la visita se retirara y yo pudiera recobrar la compostura y volver a salir. Pero era terriblemente difícil.

La Navidad se hizo un tiempo especialmente difícil, pues por más que mi fe fue la tabla de salvación más poderosa, no podía escuchar aquello del "niño en la cuna" sin sentir rabia y una profunda amargura. Me resultaba imposible cantar un villancico o siquiera poner en nacimiento en casa. Fue una navidad tan horrenda y triste que no quisiera recordarla. Envié a mis hijos mayores con su padre y a mi esposo a pasarla con su mamá, mientras yo lloraba inconsolable en mi cama.

Son momentos que generalmente pasan las personas que han perdido un hijo, pues en su mayoría tienen una etapa de rabia y amargura muy intensa, una forma de negar lo ocurrido o buscar una razón que lo justifique (que no existe). cada quien tiene su propio proceso y sus propios tiempos, sin embargo, lo general es que les cueste al principio aceptar que otros hijos (ajenos) sigan viviendo mientras el propio murió, lo que desencadena preguntas sin respuesta y reclamos sin solución.

La visión religiosa tiene mucha importancia en este aspecto y varía mucho la situación si se trata de una persona de fe o si no es así. Pero en general, en tanto la persona acepte el hecho irremediable y aprenda a vivir su paternidad o maternidad de una forma que nunca esperó pero que no acepta modificaciones, podrá aceptar también que el destino de los demás es distinto y podrá, poco a poco, alegrarse con ello como lo hacía antes de sufrir su pérdida.

Poder desahogarse convenientemente y cuando le resulta necesario, puede ser una manera saludable de cumplir etapas y poder avanzar, aunque parezca que lo hace lentamente, hacia la recuperación y la curación de sus heridas.

martes, 15 de junio de 2010

¿Dónde encontrar consuelo?

Este es un tema grande como el mar, y esta relacionado con una infinidad de aspectos, como la cultura, las tradiciones familiares, las experiencias previas, la religión y el propio carácter.

Está por ejemplo el uso del "luto", es decir, vestirse de negro o combinaciones de negro, gris y blanco, por un tiempo determinado. Unos usan un mes otros 6 meses y los más radicales van hasta el año, aunque cada vez son menos. Para muchas personas esto no tiene mayor trascendencia y es un tema sin importancia, sin embargo para otros es algo de ley. Se cumple y punto, tal vez teniendo la idea de que de no hacerlo así se está ofendiendo la memoria del difunto, y por lo tanto encuentran un consuelo en ello, ya que están "honrando su recuerdo".

Otro aspecto es la visita al cementerio. En las grandes ciudades que tienen cementerios muy distantes, eso es una complicación, sin embargo en ciudades pequeñas es todavía una costumbre, casi un ritual, practicado por muchos. Generalmente es una visita mensual aunque hay quienes lo hacen los domingos o un día a la semana. Eso puede ir disminuyendo con el tiempo, y es natural que así sea, pero para un gran sector es una práctica muy consoladora.

En cuanto a los católicos, las misas in memoriam son también una forma de entregarle algo, de hacer algo por el ser amado que ya no está. A veces es una mensual, en el día que recuerda su muerte, y luego una vez al año, en esa fecha.

En todos los casos, creo que hoy por hoy nadie considera esto como una norma sino más bien como posibilidades que están al alcance, como una puerta abierta esperándonos para paliar nuestro dolor, aunque personas mayores aún se aferran a sus tradiciones.

Yo respeto las costumbres de la gente, pues más que una determinación son un poco el legado de nuestros padres que aceptamos sin mayor custionamiento. Sin embargo en mi caso sí he cuestionado muchas cosas y he determinado, junto a mi esposo, qué queríamos hacer y qué no, conscientes de por qué queríamos hacerlo.

El luto, en cuanto a la ropa, nunca ha sido algo que me interese, pues me parece que es más una forma de andar llamando la atención sobre nuestra condición, diciendo a nuestro paso "aquí va alguien que ha perdido a un ser querido". No me interesa eso y nunca lo hizo, así que no lo tomo como una imposición, excepto los días de velorio y entierro, como una forma de respeto al otro, más que nada. Sin embargo, cuando más hubiese querido hacerlo, no pude, pues acababa de dar a luz y sólo pude usar uno de mis vestidos de maternidad, el más oscuro, ya que nada más me entraba y no quise estar probándome cosas y fastidiando a otras personas por un tema tan intrascendente.

Sobre la visita a la tumba, para mi esposo y para mí si fue un consuelo muy grande, pues ir al cementerio se convirtió en un espacio de calma y silencio para pensar y llorar y dejarle unas flores como gesto de amor. Sabíamos que nuestra bebé no estaba ya ahí, pero nos consolaba pensar que nos veía dejando una flores en su tumba, además que así si nos topábamos con alguien sabíamos que eran personas que nos entendían, pues era un pabellón de niños, y todos habían pasado por experiencias similares a la nuestra. Eso realmente era un tanto consolador.

Mucha gente decide voltear la página y no volver más a la tumba, y los entiendo. Les resulta muy doloroso y prefieren superando dejando de pensar en ello. Tengo amigos que lo han hecho y se sienten mejor así.  Para nosotros fue diferente.Buscamos un contacto tan frecuente como fue posible hasta que dejó de ser una necesidad porque la herida estaba sanando. Creo que fue una terapia muy saludable y llena de amor. Así pasamos de la visita semanal, durante un año, a la quincenal, por más de nueve. Hoy hemos decidido ir una vez al mes y esperamos hacerlo, pero no como una obligación sino como un deseo. Nos da tristeza ver tumbas desatendidas, llenas de telas de araña y sucias, como si quienes murieron estuvieran olvidados del mundo, aunque no sea así.

Creo que existe otra vida, otro nivel de existencia, y que lo único que perdura es el amor. Sea cual sea la forma como lo podamos expresar y transmitir, creo que es válida, y será lo que traspase las fronteras, los límites y el tiempo. Sólo el amor. Y la idea es sobrevivir hasta que aprendamos a vivir de nuevo y que el dolor se transforme en un amor distinto, que nos mantenga unidos a través de una vida sin vernos, sin oírnos, sólo sintiendo al otro en el corazón.

lunes, 14 de junio de 2010

¿Quién se preocupa del padre tras la pérdida de un hijo?

Creo que usualmente la respuesta es sí, porque somos quienes tuvimos a ese ser en gestación y en las madres recae la mayor parte de la crianza, lo que conlleva una mayor carga de recuerdos, experiencias, momentos especiales, sin contar que las mujeres por naturaleza suelen ser (hay excepciones) más sensibles y sentimentales, con el aspecto emocional más desarrollado y libre.

Las mamás suelen sufrir la pérdida de una forma casi visceral, como si parte de su cuerpo se fuera de ellas. es natural, a mí me ha pasado y puedo dar fe. Creo que ya nunca fui la misma, me quedé sin una parte. Pero con lo que quedó pude volver a vivir y rehacer una vida que anhela la felicidad como todos, pero siempre ese espacio quedó como hueco...

Sin embargo no siempre es así. hay padres que no logran superar el hecho, más que la mamá misma. En el punto intermedio están los que sufren inmensamente pero dirigen sus fuerzas a apoyar a su esposa, lo que los hace esconder su pena y volverse duros para apoyar así a quien consideran requiere más apoyo. ¿Y alguien los apoya a ellos?

Es mi caso. Mi esposo fue un roble en el cual me sostuve para seguir levantándome cada día. Lo que necesitaba hacer de momento para pasar la pena, salir a caminar, llorar desconsolada, o simplemente no hablar, me lo dejó hacer. Hay una parte de mi vida de la que casi no tengo recuerdo, sólo sé que pude atravesarla sin lamentos ni prohibiciones de su parte, sólo un océano de comprensión y ternura.

Sin él no hubiera podido recuperarme y volver a vivir, y le agradezco por siempre por haber estado ahí para mí, pero me duele mucho saber que si con su invaluable ayuda pude superar las tremendas condiciones en la que quedé tras la pérdida de mi hija, no puedo decir lo mismo de él, pues no tuve la fuerza o la visión oportuna dela situación para ayudarlo como él necesitaba. Mi dolor era como un agujero negro que me absorbía, y me dejó ciega para lo que había a mi alrededor. Y ahí estaba él. Con todo su amor y su paciencia y sus deseos de que yo no enloqueciera. Pero para pasar su propia pena y superar su propio proceso no hubo nadie, así que se refugió en el trabajo de manera casi compulsiva e hizo lo que pudo.

El resultado es un hombre bueno, lleno de amor, pero también lleno de temas no atendidos en su momento, y con una parte de su ser emocional como tasajeada, mutilada, sin que parezca poder hacer ya nada por revertir el orden de las cosas. Sólo me queda agradecerle su amor pidiendo al cielo que poco a poco pueda curar esa herida que debe estar en el alma como la piel quemada, con una capa gruesa y retorcida que recuerda permanentemente lo que se sufrió, sin dejar espacio a piel nueva, más suave y flexible, que pueda adaptarse a la nueva vida de una forma más adecuada y saludable.

Nuestros hijos desean ver que sus padres dejan de sufrir. Debe ser tarea de ambos, unidos, pensando el uno en el otro y en sí mismos.

martes, 8 de junio de 2010

¿Cómo enfrentar la muerte de un hijo?

Para mí es muy difícil escribir un espacio así, pero después de más de diez años, creo estar en condiciones para hacerlo y tal vez pueda serle de utilidad a otras mujeres que como yo, tuvieron que aceptar lo que jamás soñaron: que su hijo o hija ya no estaría más en sus brazos.

Sobrevivir a eso es muy difícil, pero más lo es volver a vivir. Porque definitivamente no son la misma cosa.

He visto a personas que lo superaron, al menos en apariencia, con relativa facilidad, mientras que otras no lo superan jamás. Mi experiencia fue muy dura y luego del tiempo transcurrido veo que algunas cosas pude hacerlas mejor, para no causar más dolor a quienes amo, aunque en ese momento no parecía importante. Unos sobreviven y otros volvemos a vivir. Unos aprenden de lo vivido y otros parecen no haber cambiado en nada. ¿De qué depende? ¿Cuál es el secreto?

Es bueno empezar diciendo que no lo sé, si es que existe alguna receta infalible, pero creo que saber que otras personas pasaron por algo similar a lo que vives tú, ayuda. Y también ayuda que alguien pueda decirte qué hizo de bueno y qué hizo de malo, y tratar de que sea una luz en la oscuridad en la que a veces nos encontramos cuando todo lo que sentimos es tristeza y desolación.

Este espacio abre sus puertas esperando poder ayudar a quienes están en ese trance. Tal vez logre su cometido, tal vez pase desapercibido como tantos otros blogs. No lo sé. Sólo el mañana lo dirá.